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La soledad que casi nadie nombra

 




Por qué ninguna mujer debería emprender sola después de los 40 | Conectadas
Myriam Figueroa
Myriam Figueroa Creadora de Conectadas.site

Yo no empecé a emprender después de los 40. En realidad, llevo emprendiendo desde que era niña. Siempre hubo en mí una fuerza muy clara: crear mi propio camino, inventar proyectos, abrir rutas donde antes no había nada.

Lo que sí cambió alrededor de mis 40 fue otra cosa: el universo empezó a traerme mujeres con el mismo fuego en el pecho. Mujeres que también querían crear un camino propio, poner sus talentos sobre la mesa y encender proyectos que hicieran sentido. A partir de ahí, entendí que mi emprendimiento ya no era solo mío: también era un espacio para acompañar a otras.

Y entonces apareció una parte de la historia de la que casi nadie habla: la parte B. Los procesos emocionales, los cambios de piel, las dudas, las despedidas internas que acompañan cada reinvención. Porque emprender no es solo abrir un negocio. Es sostenerte a ti misma mientras cambias. Y para eso, te lo digo por experiencia, es ley nutrirse de una comunidad afín.

Emprender después de los 40 no es lo mismo que hacerlo a los 20. Y si tienes 50, 55, 60 o más, también estás incluida en esta conversación. Llegamos a esta etapa con experiencia, cicatrices, responsabilidades y cansancios, pero también con una claridad muy distinta sobre lo que ya no queremos seguir soportando.

La soledad que casi nadie nombra

Cuando escuchamos la frase “sé tu propia jefa”, casi siempre viene acompañada de imágenes de libertad, flexibilidad y éxito. Lo que casi nadie muestra son las otras escenas: las noches en las que dudas de todo, los días en los que te preguntas si tiene sentido seguir, los momentos en los que te sientes completamente perdida.

Emprender mueve muchas cosas por dentro. Mueve miedos, creencias, heridas viejas, la relación con el dinero, con el merecimiento, con tu propia voz. Y cuando intentas cargar todo eso en silencio, la soledad se siente muy fuerte.

No era falta de capacidad. Era falta de tribu. Falta de un lugar donde poder decir: “Me siento así” sin sentirme rara o débil.

La parte B que casi nadie cuenta

De la parte A del emprendimiento ya sabemos mucho: estrategia, modelo de negocio, redes sociales, herramientas, plan de acción. Todo eso me apasiona, lo disfruto y lo enseño. Pero hay una parte B de la que se habla mucho menos: la emocional.

Cada vez que te reinventas, hay algo de ti que nace, pero también algo que muere. Cambias de piel. Te despides de roles, de identidades, de formas de trabajar, de maneras de verte a ti misma. Y eso no se sostiene solo con cursos ni con productividad. Se sostiene con presencia, con escucha, con tribu.

Aunque yo emprení desde muy chica y he recorrido muchos caminos, aprendí que ninguna mujer debería sostener sola esos procesos internos. No porque no pueda, sino porque no tiene por qué. Cuando compartes ese fuego con otras mujeres que están atravesando lo mismo, el camino se vuelve menos pesado y mucho más verdadero.

No es que no puedas, es que no tienes que hacerlo sola

Quiero que lo leas despacio: no es que no puedas. Es que no tienes por qué hacerlo sola.

Cuando una mujer emprende sin red de apoyo, cualquier obstáculo se siente más grande. Un “no” de un cliente duele el doble. Un mes flojo parece una señal de que deberías abandonar. Un comentario crítico se convierte en una historia interna de “ves, yo sabía que no servía para esto”.

En cambio, cuando te rodeas de mujeres que también están emprendiendo, algo muy profundo cambia. De repente te das cuenta de que no eres la única que tiene miedo, que se equivoca, que se siente confundida. Y esa conciencia, aunque parezca sencilla, trae muchísima calma.

La tribu no elimina los desafíos, pero te recuerda que no estás loca, ni atrasada, ni sola. Solo estás en proceso.

Emprender después de los 40 es otro tipo de viaje

Emprender a los 22 no es lo mismo que emprender a los 42, a los 48 o a los 55. A esta altura ya pasaste por muchas cosas: trabajos, vínculos, mudanzas, pérdidas, hijos (o no), cambios en tu cuerpo, en tu energía, en tus prioridades.

Tu tiempo tiene otro valor. Tu paz mental también. Por eso necesitas espacios donde puedas hablar de negocio, sí, pero también de emociones, de cambios de ciclo, de dudas, de cuerpo, de propósito. Lugares donde puedas decir: “Me da miedo mostrarme”, “No sé cómo seguir”, “Me siento cansada” y no recibir juicio, sino comprensión.

Las mesas que cansan y las mesas que sostienen

Hay mesas que agotan: las de la crítica, el chisme, la comparación constante, el “tú qué te crees para hacer eso”. En esas mesas, tu proyecto se encoge.

Y hay mesas que sostienen: esas donde puedes llegar tal como estás y ser escuchada, no corregida; donde se habla de dinero, de límites, de menopausia, de espiritualidad, de miedo y de sueños en la misma conversación, sin máscaras.

Yo creo profundamente en esas mesas. Por eso nacen espacios como Conectadas y La Mesa: porque sé que cuando una mujer se sienta en un círculo de otras mujeres que están atravesando lo mismo, algo adentro afloja. Ya no siente que el problema es ella. Entiende que está transitando un camino humano, compartido.

Cuando te sientas con mujeres que quieren crecer, sostenerse y mirarse con honestidad, pasan cosas muy bonitas:

  • Dejas de sentir que “vas tarde”.
  • Empiezas a ver tus pasos con más amor.
  • Te inspiras con sus historias y ellas con la tuya.
  • Ya no es solo “tu negocio”, es tu proceso de vida acompañado.

Emprender no tiene que ser una carga más

Si te detienes a mirar tu historia, probablemente has sostenido mucho tiempo muchas cosas sola: familia, trabajo, emociones, responsabilidades. El emprendimiento no necesita convertirse en otro peso sobre tus hombros.

Puede ser un espacio para expandirte, para recuperar partes de ti, para sentirte más viva. Pero eso es mucho más posible cuando no te encierras en la idea de “yo tengo que poder sola” y empiezas a permitirte ser acompañada.

Para mí, emprender con conciencia tiene mucho que ver con honrar tus ritmos, tus ciclos, tu energía… y también tus relaciones. Porque no solo estamos construyendo negocios, estamos construyendo formas nuevas de estar en el mundo.

Un lugar en la mesa

Si sientes que este camino ya no quieres recorrerlo sola, te invito a Conectadas y a La Mesa: un espacio íntimo de conversación y sostén entre mujeres que están atravesando lo mismo. Emprendimiento, cambios de etapa, preguntas profundas y ganas de construirse una vida más propia.

No es un lugar para tener todas las respuestas. Es un círculo para hacer las preguntas correctas, acompañada.

“No vengo a decirte que emprender es fácil. Vengo a recordarte que no tienes que recorrerlo sola.”

— Myriam Figueroa · Corazón Digital
Myriam Figueroa

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Creadora de Corazón Digital  ·  Conectadas.site

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